Cada cosa por su nombre.

Le llamé amor, porque ante él, mi suelo temblaba, y mi corazón se paraba. Le llamé amor porque sentía que a su lado podía soñar, sin que nada pasará. Le llamé amor porque flotaba, porque reía a la vez que lloraba. Porque ante él, el mundo frenaba, no caían las hojas ni bailaban las ramas. … Sigue leyendo Cada cosa por su nombre.

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